¿Y si mañana aparece un “empleado” que no cobra, no duerme y no se queja… y empieza a tomar decisiones en tu empresa?
No es humano, no tiene despacho, no entra a fichar… pero accede a datos, prioriza tareas y actúa.
No pide permiso. No levanta la mano. Simplemente ejecuta.
Y no: esto no es ciencia ficción ni una demo de laboratorio. Ya está pasando en empresas reales.
Tiene nombre: agentes de IA.
Hoy bajamos el tema del hype al suelo de fábrica: qué son, qué NO son, dónde se están usando ya, cuánto cuestan de verdad, cómo empezar sin volverte loco y —la parte incómoda— riesgos, seguridad y responsabilidad.

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Qué es exactamente un agente de IA… y por qué no es ChatGPT
Mucha gente mete todo en el mismo saco: “IA”, “chatbots”, “automatización”, “GPT”… pero aquí va la diferencia que importa:
- ChatGPT (o un chatbot): responde cuando tú preguntas.
- Un agente de IA: persigue un objetivo, toma decisiones y ejecuta acciones.
Dicho en una línea:
ChatGPT → responde.
Agente → decide + actúa.
Para que un agente pueda actuar “de verdad”, normalmente necesita tres piezas:
- Un objetivo claro (reducir roturas de stock, acelerar ofertas, bajar errores de facturación…)
- Autonomía para decidir pasos (qué hacer primero, qué descartar, cuándo escalar)
- Acceso a herramientas reales (correo, ERP, CRM, hojas de cálculo, APIs, RPA…)
De hecho, plataformas empresariales ya describen “agentes autónomos” como sistemas que no esperan un prompt, sino que perciben eventos, deciden y ejecutan con guardarraíles.
La comparación útil para tu equipo:
- ChatGPT es un copiloto.
- Un agente es el que conduce.
Y cuando “alguien” conduce dentro de tu empresa… conviene tener claro quién, cómo y hasta dónde.

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Primeros procesos que se están automatizando ya (sin humo)
Cuando aterrizas esto en operaciones, aparece un patrón muy repetible:
- Procesos repetitivos, pero con toma de decisiones
- Mucho dato, poco valor humano
- Errores caros si se hacen mal
Casos reales (de los que reconocerás en fábrica y oficina)
Ventas
- Agentes que analizan leads, cruzan histórico, priorizan oportunidades y preparan propuestas casi listas.
- El comercial entra donde hay valor: negociación, relación, cierre. No para filtrar leads fríos.
Logística
- Predicción de roturas de stock, ajustes de niveles y reprogramación de pedidos según demanda/plazos/proveedores.
- Menos incendios, más planificación.
Oficina técnica
- Búsqueda de documentación, comparación de alternativas técnicas y resúmenes “listos para decidir”.
- El ingeniero decide, pero deja de perder horas buscando PDFs.
Producción
- Análisis continuo de datos de máquinas para detectar anomalías, lanzar alertas y anticipar paradas.
Compras
- Análisis de consumos, precios y proveedores para proponer pedidos o renegociaciones “en el momento correcto”.
Administración y finanzas
- Clasificación de facturas, detección de incoherencias y preparación de informes antes del cierre.
Regla de oro para detectarlos
Si hoy alguien pierde horas mirando datos para decidir algo… ahí encaja un agente.
Vale, pero… ¿cómo puedo tener un agente de IA hoy?
Aquí conviene romper una idea peligrosa:
Un agente de IA no es una app que te descargas. Es una decisión organizativa.
No es solo tecnología. También es:
- Quién decide
- Quién supervisa
- Quién asume errores
Con eso claro, hoy tienes dos caminos.
Opción 1: Plataformas ya hechas (rápidas y con “barandillas”)
Plataformas que ya traen el esqueleto: razonamiento, memoria, conexión con sistemas y controles.
Ejemplos:
- Microsoft Copilot Studio (incluye capacidades para diseñar agentes autónomos con disparadores y guardarraíles).
- Salesforce Agentforce (herramientas low-code/pro-code para construir, probar y supervisar agentes).
- Google Vertex AI Agent Builder / Agent Engine (servicios para desplegar y gestionar agentes en producción).
- Automatización tipo UiPath, Make, Zapier, etc. (cuando el agente necesita “manos” para ejecutar flujos).
Qué compras realmente
- Velocidad (semanas)
- Gobernanza (permisos, auditoría, control)
- Integración estándar (conectores/APIs comunes)
Ideal para
- Primeros agentes
- Procesos bien definidos
- Empresas que quieren aprender sin jugarse el pellejo
Opción 2: Agente a medida (más impacto, más responsabilidad)
Aquí no compras: construyes un trabajador digital adaptado a tu empresa.
Lo hace normalmente:
- Consultoras especializadas
- Integradores industriales
- Equipo interno con datos + capacidad técnica
Qué diseñas de verdad
- Cómo razona
- Qué considera “fiable”
- Qué decisiones propone o ejecuta
- Cómo interactúa con humanos (y cuándo se detiene)
Ideal para
- Procesos críticos
- Integraciones profundas con sistemas “serios”
- Entornos industriales complejos
Pasos concretos para empezar (sin volverte loco)
Esto aplica a cualquier opción:
- Elige un proceso que puedas explicar en una frase
- Define límites explícitos (qué puede hacer, cuándo parar, a quién escalar)
- Decide qué sistemas toca (cada sistema añadido multiplica complejidad)
- Arranca con supervisión humana (al inicio, sin supervisión no es valentía: es imprudencia)
- Mide impacto, no sensaciones (tiempo, errores, costes, decisiones mejoradas)
Cierre útil para este bloque
“Los agentes de IA no van de sustituir personas. Van de decidir quién hace qué: la máquina, el humano… o los dos juntos.”
¿Cuánto cuesta de verdad implementar un agente de IA?
Primera idea clave:
No se compra “IA”. Se paga por resolver un problema concreto.
Rangos orientativos (los de verdad)
Plataformas estándar
- 50–300 €/mes en licencias y uso (según usuarios/consumo)
- 0–3.000 € de configuración inicial si lo hace un tercero
Agente a medida
- 5.000–15.000 € para un primer agente funcional
- 20.000–40.000 € si hay integración con sistemas críticos
El coste oculto (el que decide si funciona)
- Tiempo de personas clave (validaciones, pruebas, iteraciones)
- Limpieza mínima de datos (campos coherentes, versiones únicas, nomenclatura)
- Definir “quién manda” (validación y responsabilidad)
Comparación incómoda (pero real)
Si un agente ahorra:
- 30 min/día a 5 personas
- ≈ 50 h/mes
- a 30 €/h → 1.500 €/mes “tapados” en ineficiencia
“La IA no es cara. Lo caro es seguir pagando ineficiencias sin llamarlas por su nombre.”
Riesgos, seguridad y responsabilidad: la parte incómoda
Preguntas que hay que poner encima de la mesa:
- ¿Quién responde si un agente se equivoca?
- ¿Qué riesgos reales hay de fuga de información?
Responsabilidad (sin atajos)
- Legalmente: responde la empresa. No puedes demandar a un algoritmo.
- Operativamente: responde quien supervisa y valida el sistema.
- El proveedor: te da el motor, pero el “volante” es tuyo.
Frase para recordar
“El agente no tiene currículum ni seguro: si se equivoca, paga quien lo contrató.”
Riesgos reales (los que sí duelen)
- Acceso excesivo a datos: si no limitas permisos, toca información sensible.
- Decisiones no auditadas: errores silenciosos difíciles de rastrear.
- Fugas por integraciones mal configuradas: APIs, conectores, cuentas de servicio, tokens…
- Uso de modelos/servicios sin capa de privacidad: riesgo de exposición de secretos comerciales si no se diseña bien el flujo de datos.
Frase potente
“Un agente sin límites claros es un becario con acceso a todo: útil… pero capaz de liarla a lo grande.”
Cierre: la pregunta que te llevas a la próxima reunión
Hoy hemos visto:
- Qué es un agente de IA (y por qué no es un chatbot)
- Procesos reales ya automatizados
- Costes reales y cómo empezar
- Riesgos, seguridad y responsabilidad
Y ahora la pregunta que importa:
¿Qué proceso de tu empresa podría automatizar un agente hoy mismo?
Frase final
“El futuro no es humano contra IA. Es humano diseñando agentes… o siendo diseñado por ellos.”
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