Los coches chinos ya no vienen solo en barco: vienen a fabricar en Europa
Hace unos años, decir que ibas a comprar un coche chino sonaba raro. Hoy, muchos conductores entran en un concesionario, prueban un MG, un BYD, un Omoda o un Jaecoo y salen pensando: “Oye, pues está bastante bien”.
El cambio ha sido rapidísimo. Tanto, que quizá todavía no hemos entendido del todo lo que está ocurriendo. China ya no quiere limitarse a fabricar coches baratos para exportarlos al resto del mundo. Quiere liderar el futuro del automóvil eléctrico. Y para lograrlo no basta con mandar coches en barcos desde Shanghái: necesita producir dentro de Europa.
España aparece en el centro de esta nueva partida. No por casualidad, sino por una combinación muy poderosa: tradición automovilística, fábricas disponibles, proveedores, puertos, costes competitivos y mano de obra especializada. Según ANFAC, España cuenta con 17 fábricas de vehículos y el sector representa una parte relevante del PIB industrial del país.
La gran pregunta es incómoda: ¿estamos ante una oportunidad histórica para reindustrializar Europa o estamos abriendo la puerta al que puede convertirse en el gran dominador mundial del automóvil?

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El coche eléctrico ha cambiado las reglas del juego
Durante décadas, Europa dominó el automóvil porque dominaba el motor de combustión. Alemania, Francia, Italia y España construyeron una industria basada en la ingeniería mecánica, los motores de alta precisión, las cajas de cambio, la calidad de fabricación y una red de proveedores muy sofisticada.
Pero el coche eléctrico desplaza el centro de valor. Ya no gana solo quien fabrica el mejor motor. Gana quien controla la batería, el software, la electrónica de potencia, los datos, la integración digital y la cadena de suministro.
Dicho de otra forma: el coche eléctrico tiene menos piezas, pero mucha más geopolítica.
China entendió antes que nadie que el futuro del coche no iba a estar únicamente en el capó, sino en la batería y el software. La prueba está en el dominio de empresas como CATL y BYD en el mercado mundial de baterías. Según datos atribuidos a SNE Research, CATL y BYD superaron conjuntamente el 55% de cuota global en baterías para vehículos eléctricos en 2025.
Y aquí está la clave: quien controla la batería controla una parte esencial del precio, la autonomía, el margen y la independencia tecnológica del coche eléctrico.

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Por qué España se ha convertido en una puerta de entrada
España interesa a los fabricantes chinos por una razón sencilla: no tienen que empezar desde cero.
El país ya tiene una estructura industrial montada. Hay plantas, proveedores, experiencia logística, puertos, trabajadores formados y décadas de producción para marcas internacionales. Además, la transición del diésel y la gasolina al eléctrico ha dejado capacidad disponible en algunas fábricas europeas.
Para China, eso es oro industrial.
En lugar de levantar todo desde cero, puede integrarse en infraestructuras ya existentes, acelerar su producción local y presentarse ante el consumidor europeo no solo como importador, sino como fabricante dentro de Europa.
La Unión Europea, además, ha impuesto aranceles compensatorios a los vehículos eléctricos de batería importados desde China. Desde el 30 de octubre de 2024 se aplican derechos definitivos durante cinco años, con tipos como el 17% para BYD, el 18,8% para Geely y el 35,3% para SAIC.
Ese contexto convierte la fabricación local en una estrategia todavía más atractiva.
Chery y Ebro: el renacimiento de la antigua Nissan de Barcelona
Uno de los casos más simbólicos está en la Zona Franca de Barcelona. La antigua fábrica de Nissan, cuyo cierre fue un golpe industrial muy duro, vuelve a tener actividad con el proyecto de Ebro y Chery.
La operación tiene una enorme carga narrativa: una planta que parecía representar el final de una etapa industrial se convierte ahora en laboratorio de la nueva automoción europea.
La marca española Ebro ha renacido con apoyo de EV Motors y Chery, uno de los grandes grupos chinos. La fábrica empezó con ensamblaje CKD, es decir, vehículos que llegan en piezas para ser montados localmente. Según Barcelona Catalonia, la planta esperaba fabricar cerca de 1.400 vehículos en 2024 y más de 30.000 en 2025, con el objetivo de alcanzar 1.250 antiguos trabajadores de Nissan en 2026.
Para entenderlo fácil: un modelo SKD sería recibir el coche casi montado y terminarlo aquí; un CKD es recibirlo mucho más desmontado y ensamblarlo localmente. Como un mueble de Ikea industrial, pero de dos toneladas.
La diferencia es importante. Cuanto más se avance desde el simple ensamblaje hacia fabricación, proveedores locales, ingeniería y desarrollo, mayor será el impacto real sobre la industria española.
MG y SAIC: cuando una marca “británica” se convierte en caballo de Troya chino
MG es uno de los ejemplos más interesantes porque juega con una ventaja psicológica: muchos consumidores europeos la perciben como una marca conocida, incluso familiar, por su origen británico. Pero hoy MG pertenece al grupo chino SAIC.
Y eso cambia mucho la lectura.
MG ya no es una marca marginal. En España, el MG ZS se ha convertido en uno de los modelos clave del mercado. La propia marca comunicó que el ZS fue cuarto coche más vendido del país en 2023, top 5 en 2024 y segundo modelo más vendido en el primer trimestre de 2025.
La amenaza para Europa no está solo en el precio. Está en la normalización. Cuando el consumidor deja de ver el coche chino como una opción extraña y empieza a verlo como una compra razonable, el tablero cambia.
Además, las últimas informaciones apuntan a que SAIC proyecta su primera fábrica europea en Galicia, entre Ferrol y As Pontes, con una inversión inicial de 200 millones de euros, una capacidad prevista de 120.000 vehículos al año y actividad esperada hacia 2028.
Si se consolida, el mensaje será claro: MG ya no vendría solo a Europa; fabricaría desde Europa.
Stellantis y Leapmotor: la alianza incómoda
Hasta aquí podríamos pensar que la historia va de fabricantes chinos entrando en Europa. Pero el caso de Stellantis y Leapmotor demuestra que la realidad es más compleja.
Stellantis no solo compite contra marcas chinas: también se alía con ellas. En 2023 anunció una inversión de unos 1.500 millones de euros para adquirir cerca del 20% de Leapmotor y crear Leapmotor International, una joint venture liderada por Stellantis con derechos para exportar, vender y fabricar productos Leapmotor fuera de China.
Este movimiento revela algo incómodo: parte de la industria europea necesita tecnología eléctrica china para ganar velocidad, reducir costes y competir en los segmentos de precio donde está perdiendo terreno.
La alianza ya mira a España. Stellantis y Leapmotor han anunciado su intención de ampliar la cooperación industrial, incluyendo producción vinculada a Zaragoza y el modelo Leapmotor B10.
La frase que resume el giro es poderosa: hace años Europa llevaba fábricas a China; ahora China utiliza fábricas europeas.
BYD, Dongfeng y XPeng: no hay una sola estrategia china
El desembarco chino en Europa no sigue un único patrón. Hay varias estrategias al mismo tiempo.
BYD busca convertirse en un fabricante global integrado, con control de baterías, plataformas, software y producción. Su fábrica de Szeged, en Hungría, fue anunciada como su primera planta de turismos en Europa y como pieza central de su producción localizada en el continente.
Dongfeng, por su parte, explora una vía distinta: acuerdos con fabricantes europeos. Stellantis y Dongfeng anunciaron en mayo de 2026 su intención de crear una joint venture europea para ventas, distribución, fabricación, compras e ingeniería, contemplando incluso la posible producción de vehículos Dongfeng en la planta de Rennes, Francia.
XPeng representa otro enfoque: software, conducción inteligente y experiencia digital. En IAA Mobility 2025 presentó avances de movilidad basada en IA y planes para adaptar su sistema de conducción inteligente NGP a mercados globales.
La conclusión es clara: China no viene a Europa con una sola marca ni con un solo modelo de negocio. Viene con una estrategia de capas: vender, ensamblar, fabricar, asociarse, comprar capacidad industrial y ganar legitimidad local.
¿Oportunidad o riesgo para Europa?
La respuesta honesta es: ambas cosas.
Para España, la llegada de fabricantes chinos puede significar inversión, empleo, carga de trabajo para plantas infrautilizadas y nuevas oportunidades para proveedores. En un momento en el que la industria europea necesita adaptarse al coche eléctrico, rechazar toda inversión extranjera sería un error.
Pero también existe un riesgo evidente: que Europa se quede con la parte de menor valor añadido —el ensamblaje, la logística, la mano de obra— mientras China conserva el control de las baterías, el software, las plataformas y la estrategia tecnológica.
La pregunta no debería ser solo cuántos coches se fabrican aquí, sino qué parte del coche se controla desde aquí.
Porque si Europa pierde el dominio de la tecnología clave, fabricar dentro de sus fronteras no será suficiente para conservar liderazgo industrial.
Qué debería hacer Europa
Europa no puede limitarse a poner aranceles. Los aranceles pueden dar tiempo, pero no sustituyen una estrategia industrial.
La respuesta debería combinar cinco elementos: inversión real en baterías y software, apoyo a proveedores europeos, mejora de la velocidad regulatoria, protección inteligente frente a competencia subvencionada y una política clara para que la fabricación local genere valor local.
España, en particular, tiene una oportunidad enorme. Puede convertirse en un hub europeo del coche eléctrico, pero solo si evita ser únicamente una plataforma de ensamblaje barato.
El futuro no se decidirá solo en los concesionarios. Se decidirá en las fábricas, en las gigafactorías, en los centros de software, en los acuerdos de proveedores y en la capacidad de Europa para conservar soberanía tecnológica.
La gran pregunta para los Tendencieros
Europa dominó el siglo del motor. China quiere dominar el siglo de la batería.
Y ese es el verdadero debate. No se trata solo de si los coches son chinos, europeos o mixtos. Se trata de quién controla el núcleo del valor industrial en la nueva movilidad.
¿Estamos ante una evolución natural del mercado global? ¿O ante una pérdida progresiva de control industrial europeo?
La respuesta dependerá de lo que Europa haga ahora. Porque el coche del futuro no solo se va a conducir: se va a programar, se va a alimentar con baterías y se va a fabricar dentro de una batalla geopolítica que ya ha empezado.
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